El título de la película hace una analogía directa con la famosa pintura de Leonardo da Vinci, la Gioconda o Mona Lisa. En una de las escenas clave, se debate si la mujer de la pintura sonríe porque es feliz o si es una fachada para ocultar su verdadera realidad.
La habitación olía a óleo y pasado. Ella sonreía como si supiera un secreto que el lienzo no podía guardar. Los visitantes pasaban por delante sin detenerse; sus miradas rozaban la superficie y buscaban la respuesta en los ojos que no parpadean. Pero la sonrisa quedaba para quien supiera escuchar el silencio detrás de la pintura: un murmullo de historias, un suspiro de luz y sombra, y la certeza de que algunos misterios prefieren quedarse intactos.